Estamos ante un texto que, en palabras del propio Sedlmayr, pretende ser "un estímulo para observar y comprender, con una visión más global, de qué manera los hombres han representado y expresado ‒y siguen expresando hoy‒ su relación con la luz en el campo del arte figurativo y arquitectónico".
Ordenados por capítulos, el cuarto impar, el cuarto oculto, el cuarto finito, el cuarto del cuerpo, el cuarto oscuro, el cuarto en construcción y el cuarto al fin, un largo centenar de habitaciones humanas abren sus puertas.
Interpretaciones y controversias. Porque la arquitectura es un campo de pruebas que, edificando, moviliza reflexiones donde los lenguajes se materializan enfrentados a programas intempestivos. Y porque la filosofía despliega sus destrezas abriendo espacios y construyendo problemas, ensamblando materias y cuestionando evidencias.