Dos líneas recorren nuestras colecciones: una, la huella de las cosas, como si no hubiera ideas más que en ellas, y otra, la medida personal y subjetiva frente a la inmensidad de lo externo. Quizás sea así, si de sintomáticos túneles como lo de Sábato se tratara, porque a menudo las detectamos a nuestro alrededor.
Por ejemplo, en la serie de fotografías de objetos junto a ventanas que atesoramos, donde un mundo interno, íntimo, cercano, se contrapone a otro envolvente, soñado, infinito. Y entre ambos... hilos invisibles. Algunos de ellos, de esto sí estamos seguros, son nuestros libros.